Embarazo adolescente en Chile sigue a la baja y cae a la mitad desde 2012

En el año 2000, los registros del Ministerio de Salud arrojaron los siguientes datos: nacieron 248 mil niños y, de ellos, 40.262, es decir el 16%, fueron hijos de madres menores de 19 años. La situación fue más compleja para un grupo de ellas: 1.005 gestantes ni siquiera habían cumplido los 15 años.

El panorama de fecundidad precoz de ese período configura un hito al contrastarlo con la estadística más reciente: en 2017 el embarazo adolescente llegó a su nivel más bajo, perforando por primera vez el piso de los 20 mil casos.

De acuerdo con las cifras de Salud, el año pasado se inscribieron 218.771 niños en el país. Y de ellos, 16.773 son hijos de mujeres de entre 15 y 19 años, mientras que otros 469 son de madres menores de ese rango. Así, 17.242 nacimientos se asocian a embarazos adolescentes, menos de la mitad de los que se registraron en 2012, año en que las cifras alcanzaban los 35.184 casos (ver infografía).

“El embarazo adolescente baja por dos factores: aumenta el proyecto de vida de las jóvenes, que persiguen una mejor educación, tienen mayores aspiraciones, y postergan la actividad sexual de riesgo, pues buscan y usan anticonceptivos. Estas son buenas noticias y muestran el resultado de las políticas públicas implementadas”, sostiene Andrea Huneeus Vergara, directora de la Sociedad Chilena de Obstetricia y Ginecología Infantil y de la Adolescencia.

Huneeus advierte, eso sí, que “existe una tasa de aborto oculta en la estadística y no sabemos cuál es su influencia”. Además, destacó la caída de la tasa en las menores: “Los embarazos bajo los 14 años son producto de abusos y espero que la cifra actual esté relacionada con una disminución de las violaciones y que en ello tenga que ver lo que se ha trabajado en visibilizar este problema, que es muy complejo. Una madre menor de 15 años normalmente es por abuso, pues a esa edad las niñas no eligen embarazarse”.

La presidenta del Colegio de Matronas y Matrones de Chile, Anita Román, destaca que en el 2000 el gremio puso en marcha la aplicación sistemática de métodos anticonceptivos. “Lo que se buscaba era evitar el segundo embarazo no deseado en las jóvenes menores de 19 años, porque las cifras venían al alza. Habían colegios que estaban abriendo salas cunas para evitar la deserción escolar. Las matronas empezaron a recorrer colegios, a hacer clases de educación sexual y consultorías”. Román sostiene que en cinco años estos nacimientos bajaron a la mitad y desde Salud se inició la entrega masiva de los distintos mecanismos de prevención de embarazos. “En ese sentido, las matrona siempre hemos estado en la trinchera”, añade.

Actualmente, sostiene la dirigenta, existe una apertura desde los colegios a las matronas. “Los profesores van a los mismos consultorios a buscarnos para organizar talleres, charlas. Hay coordinación. Y está pasando también que colegios de corte valórico piden presencia de matronas, porque el inicio de la actividad sexual se ha adelantado mucho”.

Para la subsecretaria de Salud Pública, Paula Daza, las actuales cifras, aunque evidencian que queda trabajo pendiente, son un logro para la salud pública. “Especialmente en la década más reciente, Chile ha replicado las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud para la disminución de la fecundidad adolescente; esto es, un trabajo directo con estos grupos, tener servicios especiales para ellos, educarlos en salud sexual y afectiva y ofrecerles métodos anticonceptivos, incluida la anticoncepción de emergencia”.

Daza agregó que los esfuerzos deben mantenerse: “El embarazo adolescente es un indicador de vulnerabilidad, sobre todo en menores de 15 años. Son menores que forman hogares monoparentales, generalmente quedan solas y dejan de estudiar, se les dificulta trabajar, entonces el efecto que tiene esto en la pobreza es muy grande”.

Ramiro Molina, ginecólogo y coordinador del programa de Educación Sexual de la Universidad de Chile, coincide en que el mayor acceso a los anticonceptivos es clave para explicar la disminución de los embarazos. “Creo que las políticas de Salud han tenido impacto y están dando frutos, porque, de hecho, los jóvenes han adelantado el inicio de la actividad sexual y, aun así, se ha retrasado la edad para ser padres, lo que quiere decir que se está previniendo más el embarazo. Eso, pese a la gran deuda que existe en el Ministerio de Educación de un programa formal de educación sexual”, afirma.

De acuerdo con la última Encuesta Nacional de Juventud de 2015, los adolescentes chilenos tienen una edad promedio de iniciación sexual a los 15 años. Además, el 47% de los jóvenes de entre 15 y 19 años declaró ya haber tenido relaciones.

“Ese dato hay que tenerlo presente, la baja del embarazo en jóvenes no se debe a menor actividad sexual; al contrario, ellos están teniendo más, pero con más protección e información”, añade Huneeus.

Esther Ayala, matrona y académica de Obstetricia de la U. San Sebastián (USS), es parte del proyecto que la casa de estudios implementó en el Liceo Tajamar, en 2012, cuando se registraban entre seis y siete embarazos cada año, llegando, incluso, a 15. Allí, matronas de la USS pusieron en marcha el programa “Educación Afectiva y Sexual”: intervenciones sobre temas sexuales y reproductivos y educación sobre enfermedades transmisibles, entre otras.

A seis años del programa, los resultados saltan a la vista: los embarazos bajaron a cero. “La labor de las matronas ha sido clave. Están trabajando en liceos, consultorios; atienden a los jóvenes y les entregan información sobre métodos anticonceptivos, prevención y todas las dudas que tengan sobre esta materia. De hecho, los liceos intervenidos por matronas arrojan una baja en los embarazos adolescentes comparados con los que no tienen estos programas”, sostiene Ayala.

En ese contexto, el subsecretario de Redes Asistenciales, Luis Castillo, destacó la labor de los equipos de salud y las políticas desplegadas. Entre ellas, la creación de los “Espacios Amigables” al interior de los consultorios (actualmente hay 264 en 210 comunas el país), que cuentan con 11 horas de matrona y 8 de profesionales psicosociales, para atender a los adolescentes. Esta sección, donde se busca intervenir oportunamente factores y conductas de riesgo, así como fortalecer conductas protectoras y contribuir a disminuir embarazo, infecciones de transmisión sexual (ITS), suicidio y otros problemas que afectan a los adolescentes, tiene un horario especial, para que puedan asistir los estudiantes después de sus clases. “Paralelamente, en 2012 implementamos el Control de Salud Integral de Adolescentes, el cual se lleva a cabo en establecimientos educacionales y ha permitido identificar oportunamente necesidades y problemas de salud en adolescentes, para posteriormente derivar los casos que correspondan a los Espacios Amigables o centros de salud correspondientes”, explica Castillo, quien agrega que “los equipos de salud hemos debido adaptarnos a las generaciones más jóvenes”.

Regulación de fecundidad
De acuerdo con las cifras del Ministerio de Salud, a junio de este año existían 215.094 adolescentes en programas de regulación de fecundidad. De ellas, 199.068 tienen entre 15 y 19 años, mientras que 16.026 están debajo de ese rango etario.

Esta cifra de adolescentes, que se controlan en consultorios y hospitales, es un récord para el programa. Desde Salud, sin embargo, hacen la salvedad de que no todas las jóvenes que reciben anticonceptivos buscan prevenir un embarazo, pero un hecho cierto es que están protegidas en caso de requerirlo.

Actualmente, los anticonceptivos inyectables y las píldoras lideran el uso entre las jóvenes, seguido por el implante, que protege a las mujeres por tres años de un embarazo no deseado. A estos mecanismos se suma la píldora del día después: de las 20 mil dosis entregadas en 2017, un total de 6.343 fueron recibidas por menores de 19 años y 630 de ellas por menores de 14 años.

Fuente: Gabriela Sandoval, para La Tercera 

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