Inmigrantes en Chile: Un desafío para la matronería

Desde hace cinco años nuestras calles, lugares de trabajo y entretención, así como la locomoción colectiva se han llenado con otras voces, formas de vestir y tonalidades de piel. Son los inmigrantes, principalmente haitianos, venezolanos y colombianos -que se han sumado a los tradicionales peruanos, bolivianos y argentinos-, quienes han venido a nuestro país motivados por las malas condiciones económicas y políticas en sus naciones.

Que más de seiscientas mil personas se incorporen a un territorio en solo cuatro años, produce una obvia presión sobre el mercado laboral, pero también sobre servicios fundamentales que entrega el Estado como son la educación y la salud públicas.

En Chile, cualquier inmigrante, independiente de su situación legal, tiene derecho a acceder a atención sanitaria en emergencias, control prenatal y atención infantil. Es por ello, que los centros de salud se han visto muy demandados por estos nuevos usuarios, que -además- tienen su propia cultura y costumbres. Sobre todo, la llegada de parejas jóvenes ha impactado las maternidades de Santiago.

Uno de los hechos con los que han tenido que aprender a lidiar los hospitales, es la situación legal de sus pacientes. Por ello, la coordinación con registro civil y servicios sociales ha sido muy importante, ya que algunas futuras madres no disponen de ningún documento que las identifique.

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Maternidades multiculturales

En el hospital San Borja se proyectaba una baja en la atención de partos a partir de 2015. Comenta Lorena Gutiérrez, matrona coordinadora, que una vez abierto el hospital de Maipú y unido a un menor índice de natalidad en el país, se esperaba disminuirían a la mitad los cuatro mil nacimientos anuales. Pues bien, se inauguró el centro hospitalario del área occidente, pero la reducción nunca llegó. Por el contrario, ahora están cerca de los seis mil partos al año.

El año 2014 los inmigrantes representaban al 14 por ciento de los nacimientos en esa maternidad y el año pasado llegaron a siete de cada diez. “Los partos de chilenas son súper pocos. Antes lideraban las peruanas pero han bajado y hoy el 20 por ciento de las pacientes son haitianas aunque también van creciendo las venezolanas”, agrega la profesional.

Explica que son la maternidad con mayor número de nacimientos de extranjeros en el país, porque atienden a las poblaciones flotantes de Estación Central y Santiago centro, compuestas principalmente por haitianos.

Pasaron así de una demanda de 350 partos mensuales a 500 entre 2017 y 2018, lo que rebasó la capacidad del hospital en personal, infraestructura y dotación de camas. Precisa Lorena que, además, se elevó la complejidad de las atenciones, lo que impactó en las unidades de urgencia, pabellones, alto riesgo y puerperio, entre otras. Dice que han tenido apoyo para atender estos mayores requerimientos, pero aún falta completar la brecha.

En el San José -el único hospital público del sector norte capitalino- desde el año 2007 comenzaron a vivir los efectos de la inmigración peruana: “Fue complejo porque tenían otras costumbres y otro nivel de salud; nos vimos enfrentados a situaciones complicadas que nos hacían remontar a experiencias del siglo pasado ya superadas por nuestro sistema de salud”, recuerda la matrona coordinadora, Giorgia Cartes.

Matrona Lorena Gutiérrez
Matrona Lorena Gutiérrez

Eso fue solo el prólogo de la historia. Ya en 2015 esa nacionalidad pasó a un segundo plano, hoy el primer lugar lo ocupan quienes vienen de Haití: un 25 por ciento de las parturientas proviene de ese país, y el 47 por ciento de los nueve mil partos registrados en 2018 en la maternidad fueron extranjeros.

También en el San José se esperaba una baja de la natalidad. Pero de 7.700 partos que atendieron en el año 2017 subieron a casi 9.000 el año pasado. “No teníamos recursos humanos ni la infraestructura para solventar ese incremento explosivo, y debimos solicitar al Ministerio de Salud hacer traslados a hospitales públicos como La Florida, El Pino y Padre Hurtado, porque la carga asistencial fue mucha”, señala la profesional.

¡Tuvieron hasta 35 partos diarios! Y aunque el centro hospitalario cuenta con la maternidad más grande de Chile, se vieron sobrepasados. “Entre 6.500 a 7.500 partos sería lo aceptable; una demanda mayor nos sobrepasa en camas, recurso humanos e infraestructura. Tuvimos que hacer altas precoces procurando que no se mermara la calidad de la atención, porque se trabaja casi con camas calientes”, añade Giorgia.

“Es una presión asistencial sobre todo el personal para dar la atención que se merecen los pacientes”, afirma su colega del San Borja.

Pacientes de riesgo

Atender a la población haitiana ha sido, sin duda, el mayor desafío. No se trata solo de una mayor demanda, también de la dificultad para comunicarse con personas que hablan otro idioma, que poseen importantes factores de riesgo y que no tienen una cultura de prevención en salud durante la gestación.

Matrona Giorgia Cartes
Matrona Giorgia Cartes

Expresa Giorgia Cartes que las estadísticas que manejan muestran que las embarazadas de esa nacionalidad “tienen factores de riesgo cardiovascular, hipertensiones y anemias severas, y todo ello recién se pesquisa al momento del parto complejizando la atención”.

El VIH tampoco es menor en esta población. Un informe del ISP de enero del año pasado señalaba que de las embarazadas a las que se les detectó el virus ese mes, el 59 por ciento provenía de Haití.

Lorena Gutiérrez agrega que como la haitiana no siempre se atiende en los Cesfam, “porque entiende la asistencia al hospital como sinónimo de enfermedad, se entera de su embarazo cuando siente la guagua, y eso es tarde para nosotros. Además, como tiene tendencia a una microcardiopatía que se complejiza con las anestesias, los partos terminan en complicaciones durante las cesáreas y hacen mucha preeclampsias”.

Aprendiendo creolé

La brecha idiomática con las y los haitianos ha complicado a ambas maternidades y, en general, a todos los centros de salud. Por ello, tanto en el San Borja como en el San José se han implementado facilitadores culturales para superar esa barrera.

En el San Borja cuentan con un proyecto para capacitar en idioma creolé en nivel 1, medio y avanzado al personal y han desarrollado trípticos como ayuda memoria para comunicarse. Cuenta Lorena que disponen de dos facilitadoras que hacen de intérprete en los casos más complejos. Esto se hace cada vez más insuficiente porque deben cubrir los requerimientos en todo el recinto, ya que si al principio las mayores necesidades estaban en maternidad, con el tiempo se ha sumado pediatría y las restantes unidades que son requeridas por los extranjeros.

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Se han apoyado en ambos recintos con charlas de médicos haitianos o chilenos que han estado en ese país. Esto les ha permitido entender mejor su cultura. “Ingresar al hospital es todo un tema para la paciente haitiana y si viene sola, se le produce mucha ansiedad y mucho descontrol en el trabajo de parto”, añade Lorena. Y Giorgia grafica conque muchas veces puede resultar chocante para las otras pacientes y el personal de salud verlas y oírlas “gritando porque en su cultura hacen sonidos guturales y algunas hasta se pegan”.

Comenta que también ha costado asimilar que no tengan incorporado el concepto de la lactancia para el recién nacido ni el apego, porque la mitad fallece y, por ello, solo lo inscriben en su país a los dos años, cuando saben que sobrevivió.

Claramente al sector salud le ha tocado hacer camino al andar en el tema de la inmigración. Y aunque los extranjeros ya son parte del quehacer diario en los hospitales, seguirán siendo un desafío y no solo a nivel sanitario. En Chile al igual que en Europa y Estados Unidos la integración de los miles de personas que huyen de sus países de origen sigue entre los grandes pendientes de nuestras sociedades.

Por Mariel Sagredo Berríos, periodista

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