En el contexto de la conmemoración de los 192 años de la Matronería en Chile, Maritza Florín Torres, nacida en la hermosa ciudad de Valdivia y titulada en la Escuela de Obstetricia y Puericultura de la Universidad de Chile, relata con orgullo los 55 años dedicados a su profesión.
Fue en el último Consejo Nacional presencial, realizado en Santiago, que Maritza contó a los y las dirigentes del Colegio de Matronas y Matrones de Chile su valiosa experiencia en la Matronería. Y hubo una profunda emoción.

La matrona narra su paso por varios establecimientos de salud a lo largo de Chile: hospitales, Cesfam y clínicas privadas, donde pudo, en sus inicios, aprender y, posteriormente, acompañar y enseñar a las nuevas generaciones de colegas.
Amable, cordial y con una energía descollante, Maritza se desempeñó profesionalmente en hospitales de Santiago y Punta Arenas, ya sea por motivos laborales o familiares. También tuvo un pequeño paso, de un año, por México, acompañando a su marido, médico anestesista, quien obtuvo una beca en el país norteamericano. “No pudimos quedarnos, porque nuestras carreras no eran homologables para quedarnos allá, así que tuvimos que regresar a Chile”, cuenta.
Relata que realizó su internado en el Hospital de Santa Cruz, Región de O’Higgins, junto a otras tres compañeras de curso. “Recuerdo que teníamos que recorrer todas las viñas, las zonas rurales, y fue un gran aprendizaje para nosotras ir a terreno. Además, en ese entonces no había ninguna matrona a tiempo completo en el hospital, salvo una que estaba contratada por 22 horas”.
Agrega que ella fue parte de la primera promoción, en 1971, de egresadas de la carrera de Obstetricia con cuatro años de formación.
Salud Familiar
Recuerda que su primer destino laboral fue en el Hospital El Salvador, en Puerperio. Trabajo que le duró poco porque, a finales de 1971, se casó y emigró a Puerto Natales, ya que su marido estaba trabajando como Médico General de Zona.
Dice sentirse orgullosa de los tres retoños que tiene su familia: uno abogado, la otra ingeniera en Computación y el tercero trabaja en registro de marcas, todos ellos viviendo en Magallanes.
Otro hito que la hace sentir más que orgullosa fue su paso por el Hospital San José, donde llegó a ser jefa de Neonatología.
Posteriormente, tuvo su paso por las clínicas Santa María, Las Condes, Alemana, entre varias otras, asistiendo a médicos que ofrecían sus servicios en el sector privado a mujeres embarazadas.
Finalmente, a su marido le ofrecieron una fuente laboral en Punta Arenas, “así que nos fuimos todos para allá para tener una vida familiar mucho mejor”.
Rememora que estuvo cuatro años en la Clínica Magallanes, pero después decidió atender partos de manera privada. En este contexto, recuerda que tuvo un ramo en la universidad que la ayudó mucho: Salud Familiar, que enseñaba cómo atender mejor a una paciente. “Creo que, en estos días, ya no existe ese ramo”, añade.
También su currículum señala que estuvo a cargo de la Atención Primaria en el Ministerio de Salud a mediados de los años 90.
—¿Qué es para usted la Matronería?
—Es mi vida. Debo confesar que no quería ser matrona, quería ser ingeniera y, por esas cosas de la vida, fui matrona. Tengo una tía que fue matrona y fue ella la que me inculcó la profesión. También he dedicado parte de mi vida a lo gremial como Tesorera Nacional del ColMat y fui Presidenta del Regional Magallanes. Lo que más me mueve es el servicio público y la Atención Primaria.
