Colegio de Matronas y Matrones de Chile

La Matronería se respeta, los derechos sexuales y reproductivos se defienden.

Colegio de Matronas y Matrones de Chile

La Matronería se respeta, los derechos sexuales y reproductivos se defienden.

Matrona Natalia Acha y MSF: “Mi profesión fue el puente para cumplir mis sueños”

¿Qué hace que una joven matrona peregrine por África, América y Europa? Desde luego, la respuesta es el amor a su profesión y, en lo personal, conocer otras culturas, realidades, colegas y comunidades locales que recibían la solidaridad y el trato humanitario de la matrona Natalia Acha.

Valora el trabajo de los profesionales en contextos de conflicto armado, pero llama también a no “romantizar” el trabajo humanitario y darle el justo valor.

Egresada en el año 2014 de la Universidad de Antofagasta, Natalia cuenta con un envidiable currículum a su haber: Magíster en Gestión Estratégica en Salud y diversos diplomados de postgrado, entre ellos, diplomados en Mujer y Políticas Públicas, Derechos Humanos de la Mujer, Vinculación con el Medio, Territorio e Innovación, Docencia Interprofesional basada en Simulación Clínica, Soporte Vital Avanzado en Obstetricia (ALSO), cursado en Dinamarca, y un curso internacional en Salud Sexual y Reproductiva, cursado en Bélgica.

Cuenta que, en Chile, sus primeros años de ejercicio profesional los realizó en el Hospital San Juan de Dios, “lugar que recuerdo con mucho cariño. Ahí trabajé como matrona clínica en los diversos servicios de maternidad y, también, como supervisora del servicio de ginecología. Fue un lugar donde aprendí mucho de mis colegas y aún conservo lindas amistades”, relata.

Añade que también trabajó por periodos más cortos como matrona clínica en el Hospital Regional de Antofagasta y, durante el periodo 2021-2024, tuvo la gran oportunidad de trabajar como docente, donde “perfeccioné mis habilidades de gestión, simulación clínica y vinculación con el medio. Lo mejor de esa etapa fue el aprendizaje que surge de los estudiantes, jóvenes que ingresan con la ilusión de ser profesionales y entregar un buen servicio a la comunidad, y de los colegas comprometidos con formar nuevas generaciones de matronas y matrones”.

—¿Se ha especializado en alguna área de la Matronería?

—Mi área de especialización converge en la gestión de proyectos de salud sexual y reproductiva a nivel internacional, especialmente en contextos humanitarios y en educación.

—¿Por qué decidió migrar al extranjero y desempeñarse como matrona? ¿Cómo nació la idea?

—Es algo que desde pequeña estaba dentro de mí, difícil de explicar, pero siempre supe que parte de mi vida la realizaría lejos de aquí. Sentía una necesidad de ayudar; eso, mezclado con mi pasión por viajar, conocer otras culturas y otras formas de vivir, me llevó al mundo humanitario. Mi profesión fue el puente para cumplir mis sueños. Ya cuando era adolescente y estaba en el colegio había buscado cuáles eran las organizaciones internacionales que respondían a lo que buscaba, y ahí encontré a Médicos Sin Fronteras.

Doy fe de que los valores que promueve —la neutralidad, la imparcialidad, la independencia, la ética médica y la humanidad— son correctos y reales. Es una organización que respeto y me apasiona profundamente el trabajo que allí realizamos, aunque ya no soy parte del staff internacional activo de la organización. Actualmente trabajo como clinical manager en Maternity Foundation, una organización con sede en Dinamarca que trabaja para disminuir la morbimortalidad materna y neonatal a través de soluciones tecnológicas innovadoras y entrenamiento en terreno, principalmente en África subsahariana, Asia y Centroamérica.

—¿Cómo ha sido su experiencia en este trabajo humanitario a nivel global?

—Primero, comentar que no soy la única matrona chilena que ha trabajado o trabaja con Médicos Sin Fronteras. Si no me equivoco, somos tres. Mis colegas también han hecho un trabajo maravilloso y me siento muy orgullosa de ellas.

En lo personal, con MSF he realizado cinco proyectos: dos en África, dos en Centroamérica y uno viviendo en Europa. El primero fue en Etiopía, en el año 2018. Me asignaron a un proyecto de emergencia por un desplazamiento interno masivo de personas dentro del país debido a un conflicto étnico, lo cual colapsó el sistema sanitario local, que ya se encontraba en condiciones de escasez de recursos.

Allí me enfrenté a una realidad muy cruda. Era la primera vez que moría un paciente en mis manos y me dio mucha impotencia darme cuenta de que fue principalmente por falta de recursos, pues era un neonato que nació con una asfixia severa y la sala de partos a la cual había llegado el día anterior no tenía un lugar apropiado para realizar reanimación neonatal ni oxígeno disponible, mucho menos para brindar cuidados avanzados neonatales. Recuerdo que lo primero que pensé fue que ese recién nacido, en mi país, hubiera tenido un destino muy diferente.

Me parece increíble que, en el mundo en el que hoy vivimos, donde se supone que cada vez existen más recursos y riquezas, se viva con tanto egoísmo e indiferencia y que las riquezas estén tan inequitativamente repartidas. El lugar donde naces puede determinar drásticamente la calidad de la atención en salud que recibirás. Eso también incluye a nuestro país, donde los cuidados en salud y tu calidad de vida están determinados, muchas veces, por tu código postal.

Luego de Etiopía hice el proyecto de Camerún, también en emergencia, pero esta vez provocada por un conflicto armado activo entre la parte anglófona y la parte francófona del país. Un conflicto entre las fuerzas militares y los grupos insurgentes independentistas causaba que una gran parte de la población no pudiera tener un acceso médico adecuado, además de aumentar drásticamente los casos de violencia sexual.

Hay que saber que la violación es utilizada frecuentemente como un arma de guerra, y es importante estar preparados para dar cuidados integrales a sobrevivientes de violencia. Esa era una de mis principales responsabilidades: atender directamente a mujeres, niñas y hombres; armar los flujos de atención y capacitar al personal local e internacional. Todos deben estar sensibilizados y comprometidos; solo de esa manera se puede entregar el mejor cuidado posible a las personas.

También ahí realizábamos cuidados descentralizados de salud, lo que aquí conocemos como atenciones comunitarias. Debido al conflicto, las personas no podían salir de las montañas para llegar al centro de salud, entonces íbamos nosotros, en un trabajo mancomunado con los trabajadores comunitarios.

El tercer proyecto fue en Venezuela. Creo que todos sabemos que hace muchos años el país está en una profunda crisis económica, sanitaria, política y social. Los hospitales de la capital no cuentan muchas veces con los insumos y materiales adecuados para dar una adecuada atención en salud. Las mujeres, muchas veces, no tenían acceso a métodos anticonceptivos; comprar uno podía equivaler a cinco veces el sueldo mínimo de esa época. Eso, sumado a la crisis económica, hacía que algunas familias tuvieran que decidir si podían desayunar o cenar ese día. Muchas madres se quedan sin comer por darles comida a sus hijos.

Está presente un problema de salud frecuente: los embarazos no deseados y, posteriormente, las complicaciones del embarazo. Me tocó llevar adelante la estrategia de SRH comunitaria, donde acercábamos los servicios a las comunidades más vulnerables.

Debo destacar que todos mis colegas venezolanos y la comunidad, en general, son maravillosos. Me da mucha lástima que en nuestro país existan discursos de odio y rechazo hacia la población migrante. Créanme que, si las personas no tuvieran las condiciones de vida que tienen, no se expondrían por gusto a los procesos de migración, donde también se sufre muchísimo. La mayoría lo hace tratando de encontrar una vida mejor para ellos, sus familias y la gente que dejan atrás.

El cuarto fue Honduras, un país afectado por una crisis social y económica y por mucha violencia, con la presencia de las maras —grupos de pandillas—. También Honduras es uno de los países más afectados por el cambio climático a nivel mundial y uno de los países con mayores índices de embarazo adolescente.

Llegué ahí después del segundo huracán que pasó por el país el año 2021. Dejó inundaciones masivas, pérdidas de infraestructura, miles de personas viviendo en albergues y un incremento de los casos de violencia sexual. Hay que señalar que las condiciones que ahí se generan dejan a ciertos grupos, entre ellos las mujeres, en una situación de mayor vulnerabilidad. Por eso, es importante crear planes de emergencia y desastres con perspectiva de género.

En Honduras estaba a cargo de una clínica materno-infantil y logramos abrir un centro de atención en salud exclusivo para la comunidad LGBTQ+, ya que muchas veces eran víctimas de violencia por parte de policías o del mismo sistema sanitario, que a veces les negaba cuidados básicos de salud.

El quinto proyecto lo realicé viviendo en España. Como había trabajado en docencia y tenía conocimientos en la metodología educativa de simulación clínica, estuve trabajando en la creación de un paquete educativo basado en simulación clínica para mejorar las habilidades en el manejo y atención a sobrevivientes de violencia sexual en contextos humanitarios. Este paquete educativo está destinado y disponible para el staff nacional e internacional de todos los proyectos a nivel mundial.

Como comentaba antes, actualmente soy parte del equipo de matronas de Maternity Foundation. Aquí tengo la responsabilidad de crear un nuevo módulo educativo sobre cambio climático y salud materna y neonatal. Nuestra organización tiene una aplicación móvil gratuita que funciona offline. Contiene solo contenido educativo sobre patologías relacionadas con los cuidados de Matronería, y el nuevo módulo de cambio climático viene a cubrir un área muy importante, algo que nos afecta a todos.

Pretende entregar a colegas de todo el mundo contenido fácil de comprender, explicando de manera sencilla cómo los distintos desastres naturales y el cambio climático pueden afectar la salud materna y neonatal. Este es un proyecto que se está desarrollando en conjunto con ICM (Confederación Internacional de Matronas), por lo cual el producto final será socializado entre las colegas de todo el mundo, especialmente aquellas que trabajan en contextos vulnerables al clima.

—¿Cuenta con alguna anécdota sobre su trabajo como matrona de Médicos Sin Fronteras?

—Una va aprendiendo de la experiencia y sabiduría de las colegas clínicas, especialmente de las que llevan más años de profesión. Creo que durante mi paso por MSF pude atender adecuadamente a las pacientes por todo lo que ellas me enseñaron. Creo que cada vez que estaba atendiendo a una mujer embarazada, alguna complicación obstétrica o brindando cuidados neonatales, ellas lo estaban haciendo conmigo. Así de lejos puede llegar una parte de ti cuando enseñas de buena manera.

—¿Quiere agregar algo más?

—Lo único que me gustaría agregar es decirles a mis colegas chilenas que debemos estar absolutamente orgullosas del nivel de formación que tenemos en nuestro país. He trabajado y estudiado con colegas de todo el mundo y, créanme, no tenemos absolutamente nada que envidiar; todo lo contrario, tenemos mucho que entregar al mundo.

Me siento muy orgullosa del trabajo que hacen mis colegas en los distintos niveles de atención. Pienso que, como sociedad, a veces tendemos a fijarnos en lo negativo o en lo que nos falta, pero la población chilena está en excelentes manos. Es un llamado también a las autoridades porque, a pesar de que hacemos un excelente trabajo, necesitamos un sistema de salud que nos respalde y nos cuide, porque también somos humanas/os, al igual que cualquier otro profesional de la salud.

Por último, un llamado también a no idealizar ni romantizar el trabajo humanitario. Nosotros vamos a esos contextos sabiendo que tenemos un hogar seguro al cual volver. Es verdad que trabajamos en situaciones complicadas, especialmente si vamos a emergencias, pero quienes se merecen el mayor respeto son los profesionales y las comunidades locales. Ellos son una muestra de resiliencia permanente, realmente admirable. Hay mucha gente sufriendo actualmente, entonces solo hago un llamado a no vivir en la indiferencia ante el dolor y el sufrimiento ajeno.